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TALLER

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En la familia: los hermanos, tíos y primos, son expresión de la comunión y el amor que se expande.

 

 

En algunas ocasiones, pensamos que quienes componen nuestras familias son únicamente las personas que conviven con nosotros. Sin embargo, la familia es mucho más grande, pues en ella también se unen los hermanos, tíos y primos, que en muchas circunstancias se encuentran lejos y que en esta semana queremos recordar.

 

Cuando en la Iglesia celebramos la gran presencia del Espíritu Santo como Señor y dador de vida, recordamos las palabras del Papa Francisco en el numeral 187 de la Exhortación Apostólica sobre la Alegría de Amor:

 

“El pequeño núcleo familiar no debería aislarse de la familia ampliada, donde están los padres, los tíos, los primos, e incluso los vecinos. En esa familia grande puede haber algunos necesitados de ayuda, o al menos de compañía y de gestos de afecto, o puede haber grandes sufrimientos que necesitan un consuelo. El individualismo de estos tiempos a veces lleva a encerrarse en un pequeño nido de seguridad y a sentir a los otros como un peligro molesto. Sin embargo, ese aislamiento no brinda más paz y felicidad, sino que cierra el corazón de la familia y la priva de la amplitud de la existencia”.

 

En esta semana queremos recordar las alegrías y tristezas de nuestras relaciones, pues, quienes tuvimos la oportunidad de crecer con nuestros hermanos, en este momento, recordamos que cada acontecimiento con ellos marcó nuestra historia y también nuestras relaciones que sostenemos a diario con las diferentes personas. Un Don que nos une, gracias al Espíritu Santo es la fraternidad, saber que, en Jesucristo somos hermanos, y que como continúa diciendo el Papa Francisco es: “la familia la que introduce la fraternidad en el mundo. A partir de esta primera experiencia de hermandad, nutrida por los afectos y por la educación familiar, el estilo de la fraternidad se irradia como una promesa sobre toda la sociedad. (La Alegría del Amor, 194).

 

Los tíos, en algunas ocasiones son como ángeles custodios de nuestras vidas, ellos ya sea cerca o lejos de nuestros hogares, marcan las historias de nuestros padres, se convierten en un referente y en un anhelo de compartir con ellos nuestras vacaciones como signo de la comunión y el amor que se expande. Además, allí encontramos el hogar de nuestros primos, quienes son compañeros de juegos y confidentes de nuestros sentimientos.

 

Los primos, son un beneficio grandioso, al igual que nuestros hermanos, en ellos aprendemos valores como la lealtad, la complicidad y la confianza, que en algunas ocasiones por discusiones pueden verse rotos, sin embargo, con el diálogo, al retomar la fraternidad, se fortalece el vínculo, aprendiendo otras formas de entender la vida.

 

Pentecostés y los hermanos, tíos y primos, nos recuerdan lo grande y hermosa que es la Iglesia. En Ella, no crecemos solos ni aislados, crecemos en comunión y en amor que se expande.

 

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FIESTA, TRABAJO Y ORACIÓN EN FAMILIA

 

Nos encontramos en una gran fiesta, la presencia del Espíritu Santo llena de alegría nuestros corazones sintiéndonos amados y perdonados. En la familia también se vive la fiesta, comprendida como contemplar la obra de Dios y gozarnos de ayudar en ella por medio de las relaciones entre hermanos, tíos y primos.

 

Volvamos a leer el Evangelio propuesto por la Iglesia para Pentecostés:

 

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23):

AL anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».


Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».


Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:


«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Palabra del Señor

 

Dice el Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 12 de agosto de 2015 que:“La familia está dotada de una competencia extraordinaria para entender, dirigir y sostener el auténtico valor del tiempo de la fiesta. ¡Qué bonitas son las fiestas en familia, son bellísimas! Y en particular la del domingo. No es casualidad que las fiestas en las que hay sitio para toda la familia son aquellas que salen mejor”.

 

Así, San Juan nos presenta una gran fiesta en la que los discípulos (como una gran familia) se llenan de alegría al ver al Señor y reciben el soplo del envío. La fiesta nos conduce al trabajo de ir y compartir esa alegría.En las familias tenemos la oportunidad de, al igual que los discípulos, recibir el Espíritu Santo y trabajar para asegurar una vida digna a nuestros seres queridos.

 

Pentecostés y la familia nos presentan el cimiento de toda relación: la oración, que junto a la fiesta y el trabajo, nos ayuda a tener paz en nuestro interior y en nuestras relaciones. Por eso, motivados por el Espíritu Santo, busquemos a quienes se encuentran lejos (en especial a nuestros hermanos, tíos y primos) y encontrándolos: festejemos, trabajemos y oremos.

ORACIÓN

 

Espíritu Santo, nuestro eterno amor, toca nuestras familias y danos un nuevo corazón para que llenos de tu presencia podamos llamar, escribir, amar y perdonar a nuestros familiares que se encuentran lejos, en especial a nuestros hermanos, tíos y primos. Para que siendo así, encuentren en nosotros Tu presencia y seamos una familia ampliada en la fiesta, el trabajo y la oración. Te lo pedimos por intercesión de Nuestra Señora la Virgen María. Amén.

 

 

DIALOGUEMOS EN FAMILIA

 

A la luz del texto que acabamos de leer vamos a reflexionar sobre nuestra familia.

 

Conversemos:

¿Qué nos enseña el texto Bíblico?

¿Hemos tenido momentos de disgusto con nuestros familiares? ¿por qué razones? ¡se han podido solucionar?

¿Tenemos en este momento disgusto con algunos de nuestros hermanos o familiares?

¿Es importante contar con el apoyo y cariño de nuestros familiares, hermanos, tíos, primos, etc.?

SI – NO ¿Por qué?

 

Reflexionemos:

¿Hace cuánto tiempo no hablamos ni nos relacionamos con nuestros hermanos, con nuestros tíos, primos y demás familiares?

¿Estoy pendiente de las alegrías y necesidades de mis seres queridos o no me interesa?

¿Qué podemos hacer para que las relaciones entre nuestra familia extensa sean más armoniosa y cercana?

 

PADRE NUESTRO…

 

¡Te invitamos para que, con tu familia, pases al siguiente punto y realices el crucigrama!

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